Recuerdo varios viajes en carro por las montañas cuando era pequeño. En pocos minutos se dejaban de ver los centros comerciales y establecimientos de comida rápida. La vista de edificios y fábricas pasaba a ser casitas y colmados. Las autopistas pasaban a ser curvas. Y luego de eso, más curvas. A los 20 minutos de curvas y árboles, no podía faltar que alguien dijera la siguiente frase: “Acá era donde el diablo iba a ser el infierno, pero se arrepintió porque era muy lejos”. Eso es lo que llamamos el “Jurutungo Viejo”. Es aquél lugar que queda botao’, perdido, lejos de todo. Y es de ahí de donde surge el nombre para este blog.
En menos de dos meses mi novia y yo nos encaminamos hacia un nuevo jurutungo viejo. Comenzamos nuestra vida de casados y nos mudamos hacia los Estados Unidos, lejos de todo familiar, de todo mofongo y de todo calor exagerado con el cual por tantos años hemos vivido. Eso nos trae un bonche de emociones. Estar lejos de todo lo que conoces siempre es emocionante (valga la redundancia). Puede ser confuso de vez en cuando, como cuando te das cuenta que en la cafetería de la universidad no sirven el arroz con pechuga de pollo y papas fritas (o tostones) que tanto deseas. Pero al fin al cabo es una aventura.
Mi novia y yo comenzamos este blog para contar, meditar y hasta burlarnos de las aventuras que sabemos que tendremos allá en el jurutungo viejo. Esperamos que puedan llorar, reír y cogernos pena. Así que, desde el jurutungo viejo, les damos la bienvenida a nuestro nuevo blog. ¡Que disfruten!
RSS Feed