Como parte de los preparativos para una boda, a uno le toca ir a aquellas citas médicas que uno llevaba posponiendo por buen tiempo. A mi me tomó una semana y media y todavía estoy recuperándome. Tuve que operarme de lo que llaman un quiste pilonidal. No hay que entrar en mucho detalle sobre lo que es. Sólo basta con decir que lo tenía en el área del coxis.

       El primer reto fue conseguir todos los papeles necesarios para la operación. Esto consiste en ir a casi todas las oficinas del pueblo (o por lo menos a cuatro de ellas), dormirte por horas en la sala de espera en lo que te llaman y hacerte pruebas que toman solo par de minutos. La parte más aventurera del día fue cuando se inundaron las calles y tuve que buscar la forma de cruzar un charco de casi un pie de alto para llegar al laboratorio de al lado. Felizmente me quité los zapatos y las medias, me enrollé los pantalones y me fui descalzo hasta llegar a mi destino.

       Lo demás de la experiencia no fue tan agradable como ir a las oficinas médicas. Las tres cosas más difíciles de la operación fueron las siguientes:

       - El Suero. Una cosa es que te pinchen y te saquen la sangre. Pero que te pinchen y te dejen pinchado es lo peor. Esa es prácticamente la función del suero. Dejarte pinchado. Pero no se conforman con dejarte una vena pinchada. A los tres días te dicen que hay que cambiarlo y buscan donde dejarte pinchado por tres días más. Y si tienes mi suerte van a pincharte y se van a dar cuenta de que no lo hicieron bien y te van a tener que pinchar otra vez más. Llegué a mi casa con tres marcas de pinchazos. Ah, y si eres velludo también, prepárate para cuando te despeguen la cinta adhesiva (con todo y los pelitos).

       - La Comida. Me tuvieron mas de dos días sin comer ni beber nada. Me alimentaban por el suero. Luego, me cambiaron a una dieta de líquidos. Lo más sólido que me daban era gelatina. Se imaginaran lo mucho que rebajé. ¡Como 10 libras en una semana! Una de las noches soñé que me comía una deliciosa dona glaceada y luego buscaba una panadería para comprarme otra.

       - La Posición. Como la operación fue en la parte de atrás, no me permitían acostarme boca arriba, que es de la manera que yo siempre duermo. Así que estuve casi una semana boca abajo en la cama del hospital. ¡Qué horrible! Puedo decir que termine con la espalda más derecha. Pero fue lo más incómodo. Era frustrante también cuando venía alguien a visitarme y yo no podía ni mirarlos. Aunque déjenme decir, el piso era bastante interesante de mirar… Con todo y mi posición cada día venía un empleado a preguntar si deseaba el servicio de televisión para el cuarto. Basta decirles que no vi televisión durante toda la semana.

       Hoy, gracias a Dios, ya estoy de vuelta en mi casa. Todavía me resulta incómodo dormir boca arriba debido a la operación, pero ya puedo comer lo que me da la gana y no tengo nada espetado en mi brazo. Estos son los males necesarios que hay que sufrir para poder estar listos para la boda. Pero les aseguro, que la recompensa vendrá con creces.